lunes, 27 de julio de 2009

Cuando se dispuso la suspensión de las clases y el adelantamiento de vacaciones, se lo vio como una medida necesaria e incluso se dijo que eso debía ser aprovechado para enriquecer los lazos entre los niños y sus padres. ¿Es lo que se está dando?

-No, en absoluto, y los que tenemos experiencia y estudios en este tema, sabíamos que no iba a ser así. Obviamente que tener a los pendejos en casa no puede ser otra cosa que un problema.

-¿Un problema o un desafío? Porque hay padres que se esmeran y logran encontrar actividades domésticas que afianzan los lazos, mejoran la comunicación y no caen el simple uso de la televisión o en el tedio.

-Está bien, mencióneme una sola familia donde pase eso y yo me retracto.

-...

-Mire, por el bien de la entrevista, plantéeme preguntas y comentarios interesantes, no lugares comunes aprehendidos de las familias que muestran las publicidades de cereales o de lácteos. ¿Le parece?

-Sí, doctor, disculpe.

-De todos modos, esa ingenuidad de su reflexión es la misma de millones de padres. Algunos ya están sobre aviso, porque se imaginan lo que viene. Pero otros llegaron a esta circunstancia totalmente ignorantes sobre lo que iba a ser tener a los pibes con ellos todos los días, las 24 horas.

-Sin embargo, los fines de semana y los feriados también están las 24 horas. ¿No será pura sugestión lo que usted señala?

-No, lo que sucede es que el fin de semana son dos días. Y aun así, fíjese que ya uno para el domingo a la mañana quisiera que la escuela estuviera abierta. Por eso, ya una semana, dos, tres, con los chicos adentro, es un martirio atroz. Por eso, más allá de que muchos colegas por una cuestión de marketing lo callan o hasta lo rechazan, la única salida es la represión.

-¿Cuando el chico se portal mal o sólo en casos extremos de grave inconducta?

-Ni una cosa ni la otra. Represión ya cuando se está portando bien. Hay que marcar la cancha, o lo van a pasar por encima. Ya usted lo despierta para darle la leche, y ahí, mientras se la toma semidormido, le tiene que calzar un buen tongo en el medio del coco. Ese chico a lo mejor se le rebela, pero ya por lo menos le quedó claro que con usted no se jode, que usted no se va a quedar escondido en el baño, que usted se le va a enfrentar.

-¿No se pierde así poder didáctico? El chico tiene internalizado que un castigo aparece cuando hace algo mal, pero si no hace nada y uno lo tonguea, va a terminar perdiéndose.

-A ver si me entiende: es él o usted. Si usted quiere y para quedar tranquilo con su conciencia colonizada por el discursito de la revista Para Ti, dele la leche, mímelo, déjelo que se despierte del todo y no haga nada. Pero no diga que no se le avisó. Además, ojo, yo hablo de pegar sólo lo necesario, tampoco uno es un hijo de puta, me entiende.

-Yo lo digo por el tema de los valores.

-¡Valores!¡Por favorrrrrrr! Ese nene viene de una escuela donde si es bruto, muy bruto, en la libreta no se liga un "insuficiente". No, le ponen un "E.P.". ¿Sabe qué significa E.P.?

-Regular, creo que es.

-No. Significa "En Proceso de Construcción de las Competencias Establecidas". Ese pibe, que si no contesta una mierda en una prueba recibe de calificación un "E.P.", ¿qué valores le parece que maneja? Si en la tele vio a ese pelotudo que en una escuela de Buenos Aires le ponía un forro en la cabeza a la profesora y después se "debatió" si había que rajarlo o regalarle un celular, ¿qué referencias le parece que tiene sobre lo bueno y lo malo?

-Bueno, con más razón, hay que buscar el encuentro con ese chico, partiendo de cosas simples, armar un barrilete, hacer un...

-¿Usted saber armar un barrilete?

-No me acuerdo mucho, pero puedo averiguar.

-Claro. ¿Y adónde iría a averiguar?¿Al Ministerio de Infraestructura?

-En internet seguro hay páginas sobre eso.

-En cuanto encienda la computadora, su hijo lo va a golpear en la nunca con una llave inglesa para entrar a cualquier portal de juegos, o a su Facebook, o e su metroflog, que le va a parecer cien veces más interesante que su propuesta de tenerlo sosteniendo un hilo durante tres horas para ver que arriba hay un pedazo de papel empujado por el viento. Aterrice, señor, acá en en el mundo real lo estamos esperando.

-Podemos armar caballitos con palos de escoba y tapas de mayonesa y salir a cabalgar, o ver quién de los dos hace girar más un trompo, o jugar a los cowboys.


-Caballitos con tapas de mayonesa... Ajá... Usted y sus pensamientos dentro de esa burbuja suya me provocan una infinita compasión, sinceramente.

-También leerle El Principito.

-Sí, eso, ¡bravo! Dígale la historia de un nene que vivía en un asteroide donde cabía una sola rosa y que en el desierto se puso a hablar con un zorro y una yarará.

-No era una yarará.

-¡Lo que puta fuera! Además no entiendo: ¿usted me venía a entrevistar a mí o a exponer sus decadentes teorías que atrasan cuarenta años?

Arrepentido, le propongo a Salkman retomar el hilo del reportaje. Ya es tarde. El picaporte de una de las puertas que se ven en el amplio living comienza a moverse, y él se arroja detrás del sillón. Entra un chico de unos 8 años, cabello rojizo, miles de pecas, con un control de Play Station en la mano.

-¿Y mi papá?-pregunta.

Salkman le salta desde atrás, le hace una llave en el cuello, el chico le golpea el ojo derecho con el control, ruedan hacia el mueble que sostiene un plasma, gruñen, se muerden, se intiman mutuamente a soltarse.

Agarro dos Mu-Mu de la caramelera de la mesa ratona que tenía enfrente, y me voy.

miércoles, 8 de julio de 2009


martes, 3 de marzo de 2009

lunes, 12 de enero de 2009


sábado, 20 de diciembre de 2008

Adolescencia
Te vas con tus amigos, solos, por primera vez. Consiguen un chalet derruido en la mitad de la nada, a ochenta cuadras de la playa, con dos habitaciones y un baño. Sí, lo ideal sería que alquilaran entre 4 personas, pero desgraciadamente sos un ser muy sociable y pobre, con lo cual esa edificación alberga a 13 muchachos, contando a tu primo, que se sigue acoplando. Tu vida vacacional se resume en una sola cosa: contar los minutos que faltan para entrar al boliche. Para hacer pasar el tiempo más rápido, te enganchás en actividades comunes que involucran a personas del sexo opuesto del mismo grupo etario.

Un clásico ejemplo son los fogones. Elementos indispensables para llevarlo a cabo: un cajón de manzanas; un encendedor; una noche de poco viento; un amigo que sepa tocar El Oso en la criolla; un par de porros; un equipo de mate y snacks varios, salados o dulces, para paliar el bajón.

Una vez que entrás al circuito bolichero, difícilmente conozcas cómo se ve el cielo a las dos de la tarde, dado que no ponés un pie fuera de la casa hasta pasadas las seis. Este sistema presenta cierta coherencia, ya que la guita que gastás en el boliche, probando impronunciables combinaciones alcohólicas, no la gastás en almuerzo. Menos si más de la mitad del grupo tiene un revuelto gramajo de vómito contenido en el estómago.

Llevan pelotas de todos los deportes, aunque sólo los vean por ESPN. El instinto gregario los obliga a armar equipos, cuando en su puta vida levantaron el culo de adelante de la computadora. Seguramente tendrán la mala leche de enfrentarse con un equipo de volley integrado por cuatro jugadores de la Selección Nacional y dos de la reserva del Seleccionado Italiano; con lo cual pasarán vergüenza, recibirán pelotazos a la nariz y huirán, con la cola entre las patas, a meterse al mar "para sacarse el calor" (y desaparecer, si es posible).

El cuidado del hogar temporario no se les da muy bien. Rompen dos camas marineras por tirarse a lo bestia el primer día, no sea cosa de dormir en el piso durante el resto de la quincena. El baño se tapa apenas llegan, porque todos contuvieron las ganas durante el viaje en micro. Ni hablar de la cocina, ese cementerio de voluntades truncas. Llevaron polenta, arroz y enlatados desde su casa (como si en la costa no hubiera supermercados), pero no saben cómo prepararlos. Son capaces de comer polenta cruda, antes de leer el envase. Prefieren gastar tiempo y plata en adquirir vodkas dudosos, energizantes de marca y petacas varias, que guardarán de souvenir de este verano para el recuerdo.

Los platos de la casa, que por supuesto no alcanzan para todos, se lavarán, con suerte, el último día, sólo porque cae la dueña del lugar y los obliga, bajo amenaza de llamar a la policía. Al respecto, cabe agregar que siempre hay uno que sabe cocinar y limpiar el baño porque fue boy scout, y es explotado por todo el grupo, o de lo contrario se le hará un vacío y nadie le hablará hasta que el inodoro no rebalse de materia fecal.

Hay una baranda a huevo imposible de soportar, que seguirá ahí el año entrante. Se vuelve peor cuando la mitad del grupo es muy sucio y no se baña al salir, sólo se echa desodorante a lo bestia y pretende "dibujarla". Si viene gente ajena a las amistades al chalet, se le mentirá diciendo que el olor viene "del tanque de agua de la casa de al lado, se ve que no lo limpian hace mucho". Si logran ponerla durante las vacaciones, será con una muchacha lo suficientemente borracha como para que no note el hedor, las cucarachas y los calzones con palometa revoleados sobre la desvencijada cómoda.

Se hacen amigos de gente del interior, que es chapada, curtida, cogida y posteriormente olvidada, a menos que alguno se enamore mal, con lo cual joderá durante todo el año y hasta organizará encuentros que demandan un día entero de viaje sólo para ponerla. Siempre serán recordadas como "las chicas de Rosario", "las cordobesas", "las de Venado Tuerto", "las mendocinas" y similares. Generalmente, son las mismas féminas que lograrán poner un poco de orden en la casa, bajo promesa de que ustedes, los porteños, harán un gran asado para despedirlas, cosa que nunca sucederá.

Estas vacaciones serán tema de conversación durante todo el año, rememorando anécdotas divertidas sólo para los que las vivieron, y será olvidado al año siguiente, cuando repitan la hazaña y vivan nuevas aventuras.


Adultez
Indefectiblemente, vas con tu pareja, y una pareja amiga. Sí, seguís tan rata como siempre y no te da el sueldo para irse solos, así que compartirán gastos. En esta etapa de tu vida prometés asados y los cumplís, porque ya tenés a una señora esposa o similar que te machaca las pelotas a reproches hasta que vas a comprar el carbón y las mollejas.

Aún en plan gasolero, se las arreglan para comer, casi todas las noches, en restaurantes temáticos de precios exhorbitantes y mozas exhuberantes. Recibís más de un codazo por pispear una teta indiscreta, lo que te dificulta la digestión. Ni hablar de que esa noche no la ponés ni en pedo.

Van temprano a la playa, para aprovechar el día. Las minas se echan a tomar sol, embadurnadas hasta por debajo de la malla en aceites aceleradores de bronceado que las colorearán de manera poco natural. Los flacos hacen jueguito en la arena, mironeando cuanto pavo o par de lonjas estén reposando o bamboleándose en un radio de cien metros. Para compensar un poco, se hacen los mimosos sobre la lona, manoseándose sin pudor mientras la Doña Rosa de la carpa de al lado se cubre los ojos con la última revista Gente. Llevan el equipo de mate, galletitas de agua (porque las minas creen que pueden remontar un año de comida chatarra cuidándose dos meses antes) y edulcorante. A ustedes no les importa el cuerpo, así que mientras ellas se ahogan en baba, ustedes clavan churros rellenos y bañados de chocolate. Ninguna amaga a pedir uno, porque no quiere quedar como una gorda delante de la otra. Cuando se producen para salir, mandan a espiar a los muchachos para ver qué se pone la otra, o preguntan, muy al pasar "Che, Maru, qué te vas a poner?" "Algo sencillito, si total vamos acá nomás…" Cuando tu mujer sale con el jean estropeado y la musculosa más chota, la otra tiene puesto un conchero y plataformas con brillantina. Con el moco colgando, tu mujer acusa "voy a tener frío, mejor me cambio" y se tira el ropero encima. Vos y tu amigo clavan bermudas caqui, mocasines sin medias y chombas pasteles, mezclándose con el hombre promedio de la costa.

Antes de ir a cenar, pasean por las ferias artesanales. Ustedes no pueden evitar pensar "qué manga de vagos hippones drogones ladrones". Ellas compran velas aromáticas, sahumerios hindúes, pulseras de semillas, collares de troncos, aceites corporales, esencias relajantes, sales para baño, adminículos de cocina que jamás usarán, esculturas en fósforos y cualquier cosa que carezca de utilidad.

Cuando se cansan de la playa, hacen excursiones. Conocen los bosques energéticos, el faro, el casino, el museo del fundador de la ciudad, el casco histórico, los barrios conchetos, terminan comiendo torta en alguna repostería austríaca, suiza o alemana. Estas salidas son indispensables, para comentarles luego a sus parientes "no sabés qué maravilla, el faro tiene 864 escalones, los conté uno por uno", o "gané 700 pesos en el Black Jack, hay que tener mano para esas cosas…", acompañados, por supuesto, de las fotografías correspondientes.

Cuando cae la noche y vuelven al departamento, es inevitable: ponen música bossa al mango, se despiden y van a sendas habitaciones. Entre tema y tema se escuchan un par de gemidos, y las mujeres rezan por no cruzarse en el baño cuando van a higienizarse. La misma regla se cumple cuando tienen que ir de cuerpo; la música está siempre al mango, para que no se escuchen los gases. Los hombres, menos hipócritas, festejan sus flatulencias y hasta compiten para ver quién logra mayor estruendo.

Volverán al ritmo de la ciudad más bronceados, más gordos, con la digital repleta de fotos en pareja, tomadas por la otra pareja por supuesto, y aburrirán a sus compañeros de trabajo una semana entera comentándoles los pormenores de sus alucinantes vacaciones. El año que viene, prometen irse a: 1. Brasil. 2. El sur.




jueves, 18 de diciembre de 2008



Aire Acondicionado Frio / Calor Casero

 
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